México no fue al Mundial de Futbol de
Italia '90 porque la FIFA lo castigó por un asunto de
"cachirules" (jugadores con edad mayor a la registrada) que el famoso periodista
José Ramón Fernández dio a conocer en televisión. Algunos
lo criticaron por ir "en contra" de los intereses del País. Ahora, aunque no por un hecho tan grave, la historia parece repetirse cuando el
técnico de la Selección Mexicana,
Ricardo Lavolpe, critica a la Prensa por indagar sobre el tema de los jugadores "dopados".
Según Lavolpe,
la Prensa mexicana es la que ocasionó que
la FIFA se involucrara fuerte con el tema, luego de que los defensas
Salvador Carmona y Aarón Galindo fueran regresados de Alemania a México a media
Copa Confederaciones por una "indisciplina" cuyo detalle los federativos mexicanos pensaban ingenuamente
no revelar.
De hecho, es muy probable que
Lavolpe tenga razón ,a juzgar por las
contradictorias declaraciones de la FIFA. Al principio, comunicó que la
Federación Mexicana de Futbol ya le había
comunicado que hubo una "indisciplina" y que las autoridades mexicanas se encargarían, pero luego, coincidiendo con las afirmaciones de la
Prensa mexicana de que sí había sido dopaje, la FIFA endureció su postura y
exigió explicaciones y mano dura a los directivos mexicanos.
Lo cierto es que
la Prensa no tiene la culpa. Era lógico que si la Federación no daba
explicaciones claras, los periodistas y los ciudadanos queríamos saber más y la prensa iba a indagar, puesto que ese es
su trabajo: informar.
Tal vez pueda parecer que muchas veces los periódicos
le harían un bien al País si callaran ciertas cosas. Pero
no nos confundamos. Lo malo
no es la difusión de los hechos que se quieren ocultar
sino los hechos en sí. En realidad, el trabajo de la Prensa al informar y transparentar
es necesario para una Nación.
Muchos no quieren entender esto. Y
no sólo en el deporte. Lo hemos visto desde las críticas del
Presidente Fox a los periódicos, las luchas de los periodistas contra las autoridades como el
diario Noticias en Oaxaca, hasta las persecuciones judiciales en Estados Unidos para que los periodistas
revelen sus fuentes, arguyendo razones de "interés nacional".
En el fondo de lo que se trata es de
responsabilidar a la Prensa de los errores que son culpa de otros. Como dijo el destacado director de Proceso,
Julio Scherer, al entonces director de la seguridad nacional, Fernando Gutiérrez Barrios, cuandos se intentaba censurar una publicación:
"dígale al Presidente que haga su trabajo, nosotros hacemos el nuestro".