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Pesados, así están varios diarios el día de hoy, debido a la gran cantidad de esquelas que tienen para dar el pésame al Gobernador Enrique Peña Nieto.
Es por supuesto lamentable el fallecimiento de la Sra. Mónica Pretelini, esposa del Gobernador, quien, según dicen, era una agradable y sencilla señora que desgraciadamente deja tres hijos huérfanos.
Más allá del dolor que produce en sí cualquier pérdida humana, es preciso vislumbrar que este deceso es noticia pública debido lógicamente al carácter de cónyuge de Peña Nieto que tenía la Sra.
Peña Nieto es hoy uno de los políticos que varios analistas señalan como posible candidato presidencial para el 2012.
Esto no es casual...
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SI QUIERES LEER EL DICTAMEN COMPLETO, BÁJALO DE LA PÁGINA DEL TRIFE (trife.gob.mx)
Las elecciones más reñidas de los últimos años en México causaron una enorme polémica por las acusaciones de fraude y de inequidad del perdedor Andrés Manuel López Obrador.
Lo cierto es que varios elementos, entre ellos el Dictamen final con que el Tribunal Electoral validó la Presidencia de Felipe Calderón, no ayudan nada a despejar las suspicacias sino por el contrario las acrecientan.
Lo prometido es deuda y aquí está por fin mi comentario del mismo.
Ofrezco disculpas por mi tardanza y agradezco como siempre que los comentarios a diferentes posts no escasearon.
En realidad no importa que me haya tardado en subirlo porque este post podrá leerse durante todo el sexenio ya que seguro el tema seguirá dando de qué hablar.
Además, por la extensión, seguramente este post equivale a la extensión de todos los que dejé de publicar, así que ya me desquité.
RESUMEN
El documento de 309 hojas es muy amplio pero me enfocaré en lo que, a mi parecer, son sus inconsistencias más graves y evidentes.No soy abogado, pero afortunadamente los magistrados lo redactaron de una manera muy sencilla buscando, según dijeron, la transparencia y rendición de cuentas ante la sociedad. Bien, se agradece y procedemos a hacer justamente eso.
Y es que el texto parece de hecho tener una doble personalidad. Primero, explica con una gran claridad las cosas qué no se debían y no se debieron de haber hecho para luego, inexplicablemente, tratar de justificar con argumentos muy cambiantes el porque la elección si fue válida a pesar de todo eso.
Y no es que yo diga que la Elección no tenía que haber sido válida. Yo no soy quien para decirlo, pero el Tribunal sí y tenía que hacerlo dándonos certeza a todos.
LOS SPOTS NEGATIVOS
Si algo acapara la atención en la descripción del Tribunal es la publicidad negativa que privó en la Elección.
Como paréntesis, pienso que eso es muy lamentable para nuestra democracia.
No comparto la idea de cierta gente de que eso no pasa nada porque eso también pasa en “muchos países desarrollados”. Yo diría: “mal de muchos, consuelo de tontos”.
Volvamos al tema. El dictamen comienza recordando todos los spots que fueron impugnados por los partidos.
La resolución es impactante. Casi todos los comerciales que recuerdo fueron declarados como ilegales por parte del IFE.
Por ejemplo, a la Coalición por el Bien de Todos, se le declararon fundadas (con su consecuente orden de modificación o retiro) sus quejas contra los siguientes spots del PAN (pags 10-18):
- AMLO y Chávez
- Deuda Segundos Pisos
- Contestación Elena Poniatowska
- René Bejarano – AMLO
- AMLO pozos petroleros – Tlalpan
- AMLO amigo de Sub Marcos
- Islas Marías-tren bala
- Calderón da en segundo debate respuesta a cuestionamientos sobre Hildebrando
- Se cayó el teatrito
- AMLO – Salinas
- AMLO – Expresidentes
Al PAN, mientras tanto se le declararon fundadas sus denuncias contra los siguientes spots del PRD:
- Fobaproa 1
- Fobaproa 2
- Calderon IVA alimentos y medicinas
- Calderón empleado Scotiabank Inverlat
– FOBAPROA
- Triangulaciones ZAVALA
- Informativa Diego ZAVALA
Lamentablemente cuando el IFE pidió que salieran del aire, la inmensa mayoría ya no estaba transmitiéndose porque ya había cumplido su ciclo (y por ende su objetivo) dentro de la estrategia publicitaria.
Y es que muchos de los spots rompían algunas de las reglas establecidas en la Ley para la elección, como las siguientes:
“Se debe evitar cualquier ofensa, difamación o calumnia que denigre a los candidatos, partidos políticos, instituciones y terceros..” (pag 57)“
Se establece como obligación de los partidos políticos, la de abstenerse de cualquier expresión que implique diatriba, calumnia, infamia, injuria, difamación o que denigre a los ciudadanos, a las instituciones públicas o a otros partidos políticos y sus candidatos…” (idem)
Lo anterior lo expresan los magistrados con base en los artículos 6 y 38 de la Constitución. También dicen que sucede si la propaganda tiene mensajes injuriosos y difamantes…
“se lesionan las cualidades esenciales de toda elección, porque no puede afirmarse que sea libre, auténtica y democrática, toda vez que ha sido afectado el sufragio..” (pag. 63)
Esto hace ver que los magistrados también consideran que el que haya spots difamantes y negativos no es cualquier cosa.
El punto es: ¿cómo medir algo tan subjetivo? ¿Cómo saber si los spots influyeron o no en el elector y fueron determinantes en la elección?
Y aquí viene lo interesante, porque el Tribunal se “hace bolas” literalmente contestando dichas preguntas de una manera muy extraña.
QUE SÍ, PERO NO…
Primero el Tribunal deja perfectamente claro que el efecto de spots, de campañas difamatorias o de la intervención de otros factores sí podría de alguna manera ser medido.
Así lo dice:
“Afirmar que sólo una circunstancia (la divulgación de propaganda negativa, en contra de uno de ellos) genera la pérdida de la posición que se había estimado tener, sólo sería posible si dicha afirmación estuviera respaldada con los elementos suficientes para dotarla de convicción. Un medio de prueba que podría orientar este resultado, pero no sería definitorio, serían las mediciones técnicas debidamente diseñadas y metodológicamente realizadas, como encuestas, que muestran la relación de las campañas electorales con la predisposición de los electores, sobre la base de referencias previas, coetáneas y posteriores a la campaña, que muestren la intención de voto antes de la campaña y durante ésta y, finalmente, la forma en que el voto se emitió en la jornada electoral.” (pag. 68)
Sin embargo, después haber dicho esto, el Tribunal afirma no poder medir la influencia de dichos factores y pronto ese se vuelve su argumento favorito en el Dictamen.
En muchas ocasiones simplemente dice:
“esta Sala Superior no encuentra elementos que pongan en evidencia los efectos producidos por las campañas electorales y en particular por los mensajes o promocionales referidos” (pag. 69)
o
“no existen elementos que permitan establecer de manera objetiva o al menos en grado aceptablemente probable, que la intención del voto de los electores fue afectada de manera preponderante por la difusión de los spots en cuestión”(pag. 73).
LOS SPOTS DE LOS EMPRESARIOS
Así pasa también en casos emblemáticos e importantes como los spots del Consejo Coordinador Empresarial.
Uno de ellos era aquel en donde se veía un niño con un billete de veinte pesos y un adulto le decía que qué pensaría si le dijera que su billete ya sólo valía 10 pesos.
Luego, el spot decía que era maravilloso que los niños ya no supieran qué era una devaluación y llamaba a “no retroceder” y a defender los 10 años de estabilidad económica que había tenido el País.
Pues bien: el Tribunal encontró que dichos spots sí violaban la Ley, ya que llevaban implícito una condena al PRD o al partido que propusiera un cambio y que no hubiera gobernado en los últimos 10 años.
Literalmente, los magistrados dijeron que dicha difusión:
“viola los principios constitucionales de igualdad en la contienda y de legalidad electoral en el artículo 41, párrafo segundo, fracciones II y III, de la Constitución Federal”(pag. 92 y 93)
Además, el mismo Tribunal destaca la importancia de que los spots hayan sido difundidos en el “tramo final” de la campaña electoral.
Sin embargo, el argumento para calificar el hecho es el mismo:
“la irregularidad… por sí misma no es determinante para el resultado de la elección presidencial, ya que no obran elementos probatorios en autos que demuestren fehacientemente el impacto de los spots difundidos por el Consejo Coordinador Empresarial sobre la frecuencia e intensidad en qué ocurrió su difusión.. horarios y canales de transmisión… así como las actitudes y comportamiento de los electores…”(pag. 94)
Veáse la notable contradicción en el párrafo anterior. Los magistrados ASEGURAN que la ilegalidad no fue determinante para la elección para inmediatamente justificar su aseveración en el hecho de que no tienen los elementos para medir si fue determinante o no.
Es decir, en todo caso, los magistrados deberían de haber dicho: como no podemos saber cuántos spots pasaron, “no podemos saber si la irregularidad fue determinante o no”.
Sin embargo, argumentando que no lo pueden medir, llegan a la ilógica conclusión de que no hubo efecto alguno en la elección.
Por supuesto, en este asunto está el punto sobre si la obligación de presentar estas pruebas era de las partes acusadoras y no del Tribunal. De este asunto, también menciona algo el Dictamen y lo abordaremos más adelante.
Sin embargo, a reserva de ir a ese punto más a fondo, podemos ver cómo el Tribunal se sigue haciendo “bolas” sobre si puede o no medir los efectos de la propaganda ilegal.
EL CASO FOX
Veamos ahora el caso quizás más trascendente, el de la injerencia del Presidente de la República, Vicente Fox.
El caso es muy serio ya que el propio Tribunal consideró que la intervención de Fox fue “un riesgo para la validez de los comicios” (pag. 202).
Asegura que sus declaraciones y spots publicitarios en donde , por ejemplo, promovía “seguir por el mismo camino” y atacaba a los “populistas”, sí podían afectar la equidad del proceso.
Al final, sin embargo, los magistrados terminan otra vez determinando, con un criterio poco consistente, que las violaciones a la Ley por parte del Mandatario no fueron determinantes.
Y afirmo que con un criterio poco consistente porque los magistrados no dicen que para eso si hayan contado con elementos de prueba para “medir” dicho impacto y que exigen en otros casos.
“esta Sala Superior no pasa por alto que las declaraciones analizadas del Presidente de la República Vicente Fox Quesada, se constituyeron en un riesgo par la validez de los comicios que se califican en esta determinación, que de no haberse debilitado su posible influencia con los diversos actos y circunstancias concurrentes examinados detenidamente, podrían haber representando un elemento mayor para considerarlas determinantes para en el resultado final, de haber concurrido otras irregularidades de importancia que quedaran acreditadas..” (pag. 202 y 203)
De una forma, al parecer cien por ciento subjetiva, los magistrados aseguran que las injerencia de Fox no fue determinante porque hubo ciertas atenuantes tales como:
- La tregua navideña (suspensión de propaganda) ordenada por el IFE en las fiestas decembrinas
- Acuerdo de neutralidad, en donde el IFE exigía a los funcionarios no meterse en el proceso
- Suspensión de ciertos spots ordenada por la Suprema Corte
Sin embargo, los magistrados, tampoco explican cómo midieron qué tanto dichas “atenuantes” ayudaron a contrarrestar el efecto de la campaña mediática y discursiva del Presidente.
Queda la impresión de que sólo se basaron en su opinión.
Así pues, el Tribunal vuelve a caer en la misma contradicción. Si pudo calificar la influencia que “tuvo” o en este caso “no tuvo” cierta propaganda ilegal, pudo haber hecho lo mismo en otros casos como en el de los spots de los partidos.
En otras palabras ¿en qué quedamos? ¿Había elementos para medir el impacto de las campañas negativas o no? ¿Si los había, por qué no calificaron en todos los casos si la propaganda negativa cumplió su efecto? ¿Si nos lo había, como es que sí pudieron calificar que en ciertos casos “no fue determinante”?
Y es que si el propio Tribunal advierte que aun los elementos científicos de prueba tales como encuestas no serían totalmente “definitorios" ¿sí lo puede ser su criterio personal?
ES QUE FOX NO QUERÍA A AMLO DESDE ANTES…
Otro ejemplo de poca coherencia es cuando el Tribunal da a entender que las declaraciones del Presidente no son tan graves porque él y Andrés Manuel López Obrador ya estaban peleados desde antes.
“Las declaraciones se produjeron también en un ambiente de confrontación personal entre el titular del Ejecutivo Federal y el Jefe de Gobierno del Distrito Federal (después candidato a Presidente de la República)… que produjo constantes roces e intercambio de críticas.. que continúo durante el proceso electoral” (pag. 187)
Por supuesto que lo que dice el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación es cierto. Lo grave es que al órgano encargado de la justicia electoral no tiene necesariamente porqué importarle lo qué pase entre dos actores políticos fuera de tiempo electoral, pero sí durante éste.
El hecho de que el Presidente del País tenga una confrontación personal con un candidato y la exprese a través de declaraciones que violan la Ley es un claro signo de inequidad que no debe medirse por los actos realizados en tiempos “no electorales”, puesto que para ellos no aplica la misma legislación.
CONCLUSIÓN: LA OBLIGACIÓN DEL TRIBUNAL
La verdad es que el Tribunal pudo haber contado con cientos de elementos con los que sí contaron los propios partidos, los publicistas, las televisoras y hasta la opinión pública en general.
Resulta increíble cómo los magistrados se detienen ante la supuesta carencia de elementos tan básicos cómo la lista de canales o los horarios de transmisión de los spots, siendo que es algo tan fácil de conseguir con un servicio de monitoreo o con una solicitud a las televisoras.
Lo mismo sucede con las encuestas para medir qué tanto afectó o no cierta propaganda al proceso. Si algo sobró en este proceso electoral son encuestas y para muestra está la página (opinamexico.org) que concentró todas aquellas que se hicieron con metodología avalada por el propio IFE.
Muchas de ellas reflejaron paso a paso cómo iba cambiando la intención de voto así como las razones de dicho movimiento y la percepción del electorado sobre ciertos conceptos.
Esa información es fácil de “cruzar” con la temporalidad de la difusión de cierta propaganda además de que en varias encuestas periodísticas, se hicieron preguntas específicas referentes a los efectos de muchos de los casos analizados por el Tribunal.
Es decir, el Tribunal contaba con bastante información pública, si es que no hubiera querido (como no quiso) proveerse exprofesamente de más datos para analizar los cosas que tenia enfrente.
Y es que si hubiera querido pudo haber contratado encuestas especiales para analizar lo que necesitaba o bien expertos asesores en comunicación, publicidad y propaganda política.
Este comentario no es ocioso ya que al mismo tiempo que afirma no tener elementos para medir el impacto de cierta propaganda, el Tribunal no tiene empacho en sí basarse en “su experiencia”.
Por ejemplo, en el caso de los spots sancionados por el IFE, el Tribunal alude a la experiencia de los magistrados y no a encuestas o sondeos profesionales de opinión, para estimar que causaron “perjuicios mínimos”.
Así lo dicen:
“La experiencia evidencia que la sentencia o resolución que determina la ilegalidad del promocional produce un efecto inverso sobre los electores, quienes advierten el vicio en que se incurrió con esa publicidad” (pag. 77)
El problema es que los magistrados no dicen en “qué experiencia” se basan pero queda claro que no fue la de expertos contratados ex profeso como suele hacerse en juicios legales para verificar aspectos técnicos.
En los 10 años de existencia del Tribunal, no ha habido otra elección federal como ésta, así que quién sabe a qué experiencia se refieren.
Ahora que tal vez algunos podrían decir que la experiencia ahora sí evidencia que los actores políticos pueden violar la Ley Electoral sin problema porque es más fácil que no pase nada a que haya una sanción.
Desde luego puede argumentarse que el Tribunal no tenía la obligación de buscar las pruebas sino sólo de juzgarlas y que dicha obligación pertenecía a la parte demandante.
Me queda claro, por el proceso en general, que la Coalición por el Bien de Todos, que fue al final, la parte más afectada, no supo estar a la altura de las circunstancias e hizo legalmente un trabajo sumamente deficiente en su defensa.
Si hubieran peleado hábilmente en los Tribunales lo que vociferaban en las calles, tal vez otra cosa hubiera sido para su causa.
Sin embargo, ahí también hay una trampa al tratar de justificar de toda responsabilidad al Tribunal y esto básicamente por dos elementos:
1.- EL TRIBUNAL SE DESLINDÓ DE BUSCAR PRUEBAS.
El propio Dictamen establece con claridad cómo la Coalición por el Bien de Todos le solicitó a los magistrados recabar ciertas pruebas (pag. 43).
El Tribunal admite que ellos sí podían recabar dichas pruebas si la Coalición presentara la solicitud como parte de las impugnaciones de la Elección. Ahora, todo eso sí sucedió.
Sin embargo, el Tribunal afirma que unilateralmente valoró que muchas de esas solicitudes no tenían que ver con la parte de las impugnaciones sino con la parte de la validez y calificación definitiva de la Elección.
Agrega, que desde su punto de vista, en esa parte de su función, ellos ya no tienen que recabar pruebas, así que de esa manera se libraron de tener que hacerlo.
2.- EL TRIBUNAL SI TENIA LA FACULTAD DE BUSCARLAS.
Aun así, en el debate que se dio en el tiempo postelectoral en varios espacios mediáticos, diversos especialistas en derecho electoral, coincidieron en que el Tribunal sí tiene la facultad de recabar pruebas.
Si bien, los especialistas señalaron que no necesariamente tiene la obligación, enfatizaron que sí puede hacerlo.
Y aquí la pregunta es ¿por qué no lo hizo?
Ante todo, el mandato del Tribunal es con la ciudadanía.
Su obligación es dar certeza a todos los ciudadanos de que la elección fue totalmente válida y que cumplió con las condiciones de limpieza, transparencia y equidad que le marca la Ley. Eso, no lo hizo.
Y pudo haberlo hecho, con tal sólo allegarse los elementos necesarios para valorar más “objetivamente” y con criterios científicos y medibles la situación.
En todo caso, ante la imposibilidad (o falta de voluntad) para tener dichos elementos, debió haber dicho “no podemos saber qué tanto influyeron dichos factores”.
Pudieron haber dicho: “declaramos la validez de la elección ante la imposibilidad de medir si dichos elementos fueron determinantes para declararla no válida”.
Pero eso es muy distinto a decir: “no podemos medir si la propaganda ilegal fue determinante o no y por eso mismo declaramos que no lo fue”.
No importa por quién hayamos votado. No se trata de apoyar a algún candidato porque para eso fueron las campañas. Se trata de nosotros, los ciudadanos.
Se trata de nuestro País, de nuestra democracia. Se trata de que la defensa por unas instituciones dignas no se quede en slogans.
Se trata de haya ganado quien ganado y haya perdido quien haya perdido, parece que la democracia con equidad y limpieza nos sique quedando lejos.
Sin necesidad de ser abogado, cualquiera que haya leído el Dictamen de 309 páginas con el que el Tribunal Electoral validó la elección y nombró a Felipe Calderón Presidente Electo se dará cuenta de las obvias y múltiples incongruencias que presenta.
Yo ya lo leí y próximamente podrán leer mi análisis aqui en Mediatizando.
Por lo pronto, AMLO da a entender que el sábado se retirará ya y le dará por fin un respiro a la Ciudad. Lo malo es que para el sexenio que viene, no se ve un panorama tan optimista. Entre otras cosas, porque el TRIFE no nos pudo dar certeza total (como analizaré) de quién ganó la Elección.

López Obrador nos dirigió esta semana a los ciudadanos una carta, en donde trata de lograr que se le comprenda por las acciones de resistencia civil que ha emprendido.
Texto íntegro
Amigas y amigos:
Como es del conocimiento de ustedes, luego del 2 de julio iniciamos acciones de resistencia civil pacífica para hacer valer el voto ciudadano y la democracia, ante la intención de nuestros adversarios de imponer al candidato del PAN en la Presidencia de la República.
Estas acciones han provocado molestias a mucha gente, sobre todo, a quienes pierden más tiempo en sus traslados por la instalación de campamentos en el Zócalo y en las calles de Madero, Juárez y el Paseo de la Reforma.
Así como ofrecemos sinceras disculpas a quienes se ven afectados, también decimos que nuestros adversarios han echado a andar en los medios de comunicación una campaña de desinformación y de linchamiento, dejando de lado, de manera hipócrita, la verdadera causa del problema. Se han dedicado, únicamente a cuestionar las acciones que llevamos a cabo, pero callan sobre el fondo del asunto.
Por eso me dirijo a ustedes para darles a conocer, de manera directa, nuestros argumentos y razones:
1. En la pasada elección presidencial, realmente, nos enfrentamos a un grupo muy poderoso de privilegiados, que son los que verdaderamente mandan en México.
2. Para ellos, nuestro proyecto alternativo de Nación es inaceptable. No quieren, por ningún motivo, que haya un cambio en la actual política económica y, mucho menos, que se procure el bienestar de la mayoría de los mexicanos.
3. Este grupo de intereses creados hicieron todo para impedir nuestro triunfo. Pero ni la manipulación, ni la guerra sucia, ni el dinero les permitieron ganarnos limpiamente. Por eso tuvieron que recurrir el día 2 de julio a la falsificación de actas y alterar burdamente los resultados.
4. Aunque la campaña en contra versa sobre nuestra terquedad e intransigencia, lo cierto es que desde el principio hicimos una propuesta mínima, sencilla y racional, para salir del conflicto en el que nos metieron. Inclusive, en una carta le plantee al candidato del PAN que, si aceptaba el recuento de todos los votos y él salía triunfador, nosotros íbamos a dejar de convocar a movilizaciones.
5. Sin embargo, nuestra propuesta de voto por voto, casilla por casilla, ha sido rechazada. Actualmente, el Tribunal, sólo aceptó abrir el 9 por ciento de las casillas a pesar de que presentamos pruebas de irregularidades o errores aritméticos en 72 mil actas de escrutinio. 6. Lo cierto es que no aceptan la propuesta de transparentar el proceso electoral porque el candidato del PAN no ganó la elección presidencial y ellos lo saben. El que nada debe nada teme. Lo más lamentable es que quieren imponerlo a como dé lugar.
7. Ante esta situación, como se comprenderá, no podemos quedarnos con los brazos cruzados, tenemos la obligación de defender la democracia y todo lo que ello implica.
8. La verdad es que no queremos dañar a nadie, pero nos han obligado a hacer uso de nuestros derechos ciudadanos y llevar a la práctica acciones de resistencia civil pacífica.
9. Permitir la imposición significa aceptar que la democracia es una farsa y que unos cuantos van a seguir decidiendo, de acuerdo a sus intereses y conveniencia, el destino de la mayoría de los mexicanos. En el fondo, quieren que aceptemos sin chistar la desigualdad, la pobreza, el desempleo, la migración, los salarios de hambre, el cierre de espacios para los jóvenes en universidades públicas, la aprobación del IVA en alimentos y medicinas, la privatización de la seguridad social, de la industria eléctrica y del petróleo; y permitir que den el golpe definitivo a millones de productores con la libre importación de maíz y fríjol del extranjero. En fin, con la imposición no habrá remedio para los males de muchos mexicanos.
10. Por eso me dirijo a ustedes, para explicar nuestras razones. No importa que no hayas votado por mí o que no estés de acuerdo con nosotros, queremos que conozcas, de manera directa, nuestro punto de vista. Y si compartes nuestra manera de pensar y de ser, ayúdanos a dejar a salvo la democracia, que para muchos mexicanos es un asunto de sobrevivencia.
Si quieres y si puedes, te invito a la asamblea extraordinaria que llevaremos a cabo el domingo próximo, a las 11 de la mañana, en el Zócalo de la Ciudad de México.
Un saludo fraterno
Andrés Manuel López Obrador
Candidato a la Presidencia de la República de la Coalición Por el Bien de Todos
El Tribunal Electoral rechazó hoy la petición de la Coalición por el Bien de Todos de contar voto por voto de todas las casillas del País.
Sin embargo, en una victoria para ellos, si autorizó que se vuelvan a contar los votos de 11 mil 839 casillas en 149 distritos de la Nación.
Esto es algo inédito, y representa casi el 10 por ciento de las casillas totales en poco menos de la mitad de los distritos del País.
A un promedio de 350 votos por casilla, que es lo que estiman los expertos, significa que se volverán a contar más de cuatro millones de votos, mientras que la diferencia entre Calderón y López Obrador, según el IFE fue de apenas 243 mil 934 votos.
Por lo tanto, es algo bueno para la Coalición. El PRD debe celebrar y no radicalizarse porque no les concedieron el voto por voto en todas las casillas. El IFE, en tanto, es el claro perdedor de este fallo y el PAN en el fondo debe estar preocupado.

Por algo los electores no dejamos que ninguno ganara con claridad y los dos tuvieron casi el mismo número de votos.
Los dos candidatos principales a la Presidencia de la República han evidenciado que son muy, pero muy pequeños y no tienen la estatura política y moral que requiere el País.
México requiere un Estadista y ninguno de los dos abanderados, Andrés Manuel López Obrador y Felipe Calderón, ha mostrado, si quiera, parecerse a uno.
El resultado de la Elección (según los datos del IFE) pareció decir que los electores pensamos que de los dos no se hace uno. Que mejor se pongan de acuerdo para gobernar juntos.
Y es que para empezar los dos se han declarado Presidentes sin esperar al fallo del Tribunal Electoral.
Lo hicieron desde la noche del 2 de julio. El primero fue AMLO y minutos después lo hizo Calderón bajo la excusa infantil de que “el otro candidato lo hizo primero”.
Hasta la fecha lo siguen haciendo. López Obrador dijo en una entrevista que él es el Presidente y Calderón fue al TRIFE a decirles que ya lo nombraran a él porque él ganó y punto.
Ambos han estado presionando con distintos medios al Tribunal Electoral para que se de el fallo que quieren.
Ambos hacen falsos llamados a la concordia pero siguen en actitud de guerra. Ni a uno ni a otro les ha importado verdaderamente la gente que no votó por ellos.
López Obrador le ofrece disculpas por los bloqueos a los que no votaron por él, pero luego, luego, les dice que “ni modo”, que hay que aguantar.
En tanto, Calderón sale en la tele diciéndoles a quienes no votaron por él que quiere ganarse su confianza, para enseguida escupirles en la cara que él ya es Presidente porque ganó la elección.
Ambos se han visto mañosos e inseguros de sus propios argumentos.
López Obrador ha estado estirando el límite de la estabilidad política, bajo la excusa de un presunto fraude, sin embargo, él mismo cambia y cambia de argumentos, dando a entender que no tiene pruebas claras.
Calderón dice estar seguro de que él ganó limpiamente la elección, pero se niega constantemente a pronunciarse por un recuento voto por voto y su mismo partido impugnó varias casillas como si desconfiara también de que los resultados fueron totalmente claros.
López Obrador se ha visto en los últimos días, justo como lo pintaban sus opositores: alguien que decide sacrificar la Ley con tal de lograr sus fines políticos y que piensa que con movilizar a la gente no hace falta dar argumentos sólidos.
Calderón se ha retratado también como lo mostraban: un alfil de las televisoras y los grandes grupos de poder, quien ha dejado que ellos y el Gobierno salgan a dar más la cara por él, que él mismo.
No sé en qué acabará todo este conflicto postelectoral. Pero gane quien gane, los hechos nos hacen estar poco optimistas de que el próximo Presidente, sea quien sea, pueda conducir este País con madurez, inteligencia y honestidad.

López Obrador ya ha pasado por esa situación en donde tiene a gran parte de la opinión pública encima, él denuncia complot y, al final, sale adelante.
Hay varios ejemplos, como el caso el Paraje San Juan y los videescándalos, pero quiero enfocarme en los tres en donde más claramente se ha demostrado que tenía razón.
1.- López Obrador parecía loco, argumentaba complot y tomaba actitudes irracionales.
Cerca de medio millón de personas marcharon en la Ciudad de México en contra de la delincuencia. AMLO descalificó la marcha y dijo que la gente había sido manipulada contra él por la derecha.
Nunca mostró pruebas y sólo insistía en su cantaleta.
Al final, un spot del candidato del PAN en la campaña afirmaba que “medio millón había marchado contra él”, aceptando, meses después, que sí había habido una intención política en el caso.
2.- López Obrador parecía loco, argumentaba complot y tomaba actitudes irracionales.
Se le quería quitar el “fuero” de Gobernante porque su gobierno había violado una orden para suspender trabajos de construcción en un terreno de Santa Fe. Él denunció un complot de la Presidencia y sus enemigos.
Nunca mostró pruebas y sólo insistía en su cantaleta.
Al final, quedó clarísimo que la misma PGR y el PAN estaban metidos en el asunto y el Presidente Fox terminó corriendo al Procurador Rafael Macedo de la Concha por el caso.
3.- López Obrador parece loco, argumenta complot y toma actitudes irracionales.
Argumenta que hubo fraude en la Elección y que participó el IFE y el Gobierno Federal. Que él ganó y le robaron su victoria.
Al final, no sabemos en que terminará el asunto.
¿Será que la Historia le dé la razón? ¿Será que al final sus adversarios cometan alguna torpeza y le den, como en las otras ocasiones, los argumentos que al él la faltan?
¿Será, en cambio, que la tercera sea la vencida y esta vez la suerte no corra a su favor?
¿Será que esta ocasión no hubo complot y él sólo destruye su capital político sin ton ni son?
Quién sabe. Por alguna razón, AMLO siempre parece arriesgarse y jugársela a la suerte en vez de esforzarse en actuar más prudentemente y dar pruebas de sus acusaciones.
Dos veces le ha salido, pero tal vez ahora no le salga.
De lo que no cabe duda, es de que ésta es su apuesta más arriesgada y se juega más que nunca (no sólo él sino el País) de por medio.

Cuando el PAN aprobó la "Ley Televisa" para que a Calderón lo "trataran bien" en televisión, la analista Denisse Dresser escribió un artículo titulado "Así no, Felipe".
Ahora es Miguel Ángel Granados Chapa quien le escribe a López Obrador su columna "De ese modo no".
Ambos artículos hablan de "la forma" para buscar un fin legítimo, la Presidencia. El primero, trataba del apoyo de Calderón a una Ley calificada por muchos como nociva para el País. Ahora, se trata de los bloqueos de AMLO.
Y es que a López Obrador sus métodos comienzan a generarle bastantes críticas aun entre la gente que lo ha apoyado.
Este es un fragmento de la columna en Reforma de Granados Chapa, quien a pesar de haberse mostrado como simpatizante de la causa de López Obrador critica ahora sus procedimientos:
"asegurar el derecho a la justicia electoral no autoriza a nadie a atropellar otros derechos, tan legítimos como aquéllos y que conciernen a ciudadanos tan dignos de respeto como quienes protestan por la situación posterior a la jornada electoral.."
En un sentido similar, los escritores izquierdistas Carlos Monsiváis, Rolando Cordera, Adolfo Sánchez Rebolledo y Jenaro Villamil le envían una carta a AMLO en el periódico La Jornada, que transcribo a continuación:
"Estimado Andrés Manuel López Obrador: El plantón emprendido por la coalición Por el Bien de Todos, declarado por usted, es una protesta justa, pero no puede ni debe convertirse en un agravio para la ciudad de México al transformarse en un bloqueo de vialidades públicas y afectar a tantos. El bloqueo, no el plantón, es un hecho de insensibilidad profunda que lastima una causa que es de muchísimos. ¿Cómo se puede presionar a los poderosos con algo que en primera y última instancia perjudica a las clases populares? ¿Cuál es la lógica de estos campamentos sobre el arroyo vehicular que provocan tanta indignación?
Como dice muy bien el editorial de La Jornada, "esta forma de lucha sería inobjetable y legítima si la presencia de los manifestantes se limitara a aceras, camellones y áreas no vehiculares, y no impidieran el libre tránsito a los ciudadanos. Pero la colocación de los campamentos en las vialidades constituye, además de un error político que dará munición a los críticos del movimiento y les enajenará voluntades y simpatías ciudadanas, un atropello a los derechos de terceros que deben ser tutelados y garantizados por el gobierno capitalino".
Si no quieren desvirtuarse, las causas legítimas y legales no deben imponerse sobre una ciudad y sus habitantes, y es injusto lastimar primero a los capitalinos, y sus autoridades, y dejar para más tarde la confrontación con los responsables de ese magno fraude que se inició con el desafuero. No le hallamos sentido a esta agresión deliberada a los derechos de trabajadores, automovilistas, pasajeros y choferes de autobuses y taxis. No vemos de qué modo se avanza en la justicia electoral si en el camino se ofende sin razón a una sociedad. No se puede reducir un movimiento nacional a un problema grave de vialidad. No se puede dejar en segundo plano la marcha más grande de la historia de la ciudad de México.
Insistimos: el plantón no es la afrenta, sino el estrangulamiento de calles y avenidas.
Atentamente:
Rolando Cordera, Carlos Monsiváis, Adolfo Sánchez Rebolledo y Jenaro Villamil"
Durante la campaña, ambos candidatos recurrieron a formas bastante criticables para buscar sus objetivos. Esto sigue sucediendo.
La diferencia, tal vez, está en que a AMLO sus métodos sí le están costando distanciamiento y críticas de algunos de sus simpatizantes, cosa que parece no haber sucedido con Calderón.
Y no sólo me refiero a los periodistas sino a la población en general. A nivel de intelectuales, mi impresión es que los que apoyaron a Calderón, fueron poco críticos con él, con tal de que el panista lograra destruir a AMLO, su rival odiado.
Sin embargo, entre la población común creo que la razón es otra. Y es que para notar las "formas" de AMLO, basta quedarse atorado en el tráfico, mientras que para entender las de Calderón, hay que leer periódicos y no sólo ver televisión.

López Obrador radicaliza cada vez más sus movilizaciones en protesta de un fraude y en demanda de un recuento voto por voto de la elección presidencial.
Ahora, decidió quedarse en el Zócalo con sus simpatizantes, bloqueando además la circulación en el importante Paseo de la Reforma con campamentos de inconformes hasta que el Tribunal Electoral dicte el fallo de calificación de los comicios.
El punto es que todo lo que está haciendo, de esa manera, tan grande, tan radical, es en base de que en hubo un gran fraude, un fraude gigantesco, monumental.
Desgraciadamente, hasta ahora no hay evidencias de algo así y en cambio sí muchas de que más bien todos estos días AMLO se la ha pasado en búsqueda de ese fraude.
Así pareció con los primeros videos que presentó AMLO, donde hasta su propio equipo reconoció que eran pruebas poco contundentes y mal preparadas que dejaron peor imagen del tabasqueño en vez de beneficiarlo. López Obrador parecía tratar de aferrarse a cualquier prueba, por "chafa" que fuera, para probar el fraude.
Otra ocasión fue la terrible descalificación de López Obrador de la idea de "fraude cibernético". Y es que fue tremenda porque allí es, donde, desde mi punto de vista, se habían visto las pruebas más verosímiles.
Expertos físicos y matemáticos de la UNAM evidenciaron inconsistencias y cosas raras en la manera como fluyó la información en el PREP y en el cómputo distrital.
Un ejemplo clarísimo fue la incógnita de cómo es que en el cómputo distrital, Calderón y AMLO eran los únicos que se movían según llegaban los datos de diferentes estados, mientras que Madrazo, Campa, Mercado y los votos nulos permanecían casi inmóviles siempre casi en el mismo porcentaje, sin importar que entidades se contabilizaban. Algo matemáticamente imposible.
La solidez de los argumentos de los científicos de la UNAM quedó evidenciada cuando en un foro en el programa radiofónico de Carmen Aristegui, el propio director del PREP admitió que hubo muchas cosas "atípicas" en el conteo y ofreció crear una comisión para investigar esos "fenómenos".
Sin embargo, López Obrador en un segundo descalificó los argumentos y dijo en una entrevista con Miguel Ángel Granados Chapa que no había habido "fraude cibernético" como habían pensado primero, sino sólo fraude "a la antigüita" en las actas de las casillas. ¿Entonces todo el tiempo que invirtieron en convencer del "fraude cibernético"?
El colmo fue cuando la semana pasada en entrevista con Víctor Trujillo, López Obrador dijo que ahora sí estaba seguro de que había ganado la elección, que antes sólo tenía indicios. Entonces ¡¿por qué desde el principio a la gente sí le dijo que él había ganado?!
Estos ejemplos son sólo algunos de los que hacen ver que López Obrador más bien se la ha pasado en búsqueda de un fraude y no que tiene ya las evidencias para probarlo.
Ahora bien, eso no implica que no haya habido fraude y que no existan efectivamente muchas dudas. Eso lo tiene que definir el Tribunal. Pero sí me parece que la falta de coherencia de López Obrador hace que se esté jugando con fuego.
Yo, por ejemplo, sí soy partidario del recuento voto por voto porque creo que hubo muchas cosas raras. En una elección tan importante y cerrada cualquier cosa "atípica" puede haber inclinado la balanza lo suficiente como para que ganara un candidato y no el otro.
Además, es un hecho que el Presidente Fox y el Gobierno metieron su cuchara desde el principio en el proceso electoral.
También parece evidente, a juzgar por su agresividad postelectoral contra AMLO, que el IFE realmente nunca fue tan imparcial como debía serlo.
También es cierto que muchos creemos que las movilizaciones y la forma de protestar de López Obrador no corresponde ya a un régimen democrático y con libertades como el que creemos que hay ya hoy en día. Pero la grosera manipulación que hacen muchos medios de comunicación no hace sino reforzar la idea que tal vez no ha cambiado mucho desde el régimen todopoderoso del PRI.
Sin embargo, hay que decirlo claro: tal vez haya habido inconsistencias, tal vez haya habido errores, tal vez sí haya habido fraude. Pero algo es un hecho, no hubo un fraude monumental donde a López Obrador se le robaran 30 millones de votos.
La verdad es que, independientemente de lo sucio que jugaron muchos actores políticos y de poder en el País en su contra, López Obrador no ganó por su propia culpa.
Es un hecho que millones de personas votaron por Felipe Calderón y no votaron por AMLO porque él mismo no los supo convencer. Siempre se sintió siempre confiado de que iba a ganar sin necesidad de convencer a todos la población.
AMLO no ganó (al menos con claridad) porque nunca supo hablarle a otro sector que no fueran los pobres, porque nunca supo ni se esforzó lo suficiente en explicar a la clase media y alta que lo que se decía de él sobre que era un peligro no era cierto.
No ganó más simpatías porque cuando debía moderarse se radicalizó más y porque no supo escuchar a los buenos consejeros.
Perdió millones de votos porque fue incongruente, porque hablando de "moral" se rodeó de los más desprestigiados, porque hablando de "transparencia", él nunca la ejerció.
Entonces, tal vez hubo fraude o tal vez no. Esto debe aclararse totalmente.
Pero seamos sinceros, todo parece indicar que en caso de que lo haya habido, fue un fraude minúsculo de 250 mil votos y no de millones; y aun así les ha costado trabajo “encontrarlo”.
Que se disipen las dudas, que se recuenten los votos si es necesario. Pero sería bueno más madurez y prudencia de AMLO en lo que “encuentra” el fraude.
Lo reproduzco y los invito también a leer dos post anteriores que tienen que ver con el tema: "Erase una vez un país dividido" y "¿A quién le damos el empleo?".
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Una parte del país preocupada por su salud decidió. Una porción de ese México atribulado eligió. Fue a las urnas y de manera democrática rechazó el diagnóstico que ha hecho —desde hace años— Andrés Manuel López Obrador. El que percibe a la pobreza como cáncer terminal. El que subraya la desigualdad como tumor principal. El que promete una cirugía mayor para extirpar ambas. Rechazado por una pequeñísima mayoría electoral que prefiere seis años más de curitas que una operación incierta. Rechazado por quienes deciden continuar con el mismo doctor en lugar de cambiar de tratamiento. El 35.88% no quiso convertir a AMLO en su médico de cabecera. Pensó que traicionaría la consigna hipocrática: “No causar daño”. Creyó que empeoraría al país con el afán de curarlo.
Y sí, hubo guerra sucia. Y sí, hubo una campaña mediática y política orquestada por Vicente Fox. Y sí, hubo un uso equívoco de los programas sociales en ciertas zonas. Y sí, hubo errores criticables del IFE durante los últimos días. Y sí, Luis Carlos Ugalde merece ser condenado por su incompetencia y los consejeros electorales por su omisión. Y sí, Patricia Mercado le arrebató votos a la izquierda. Y sí, los gobernadores del Norte apoyaron a Felipe Calderón. Y sí, Elba Esther Gordillo también lo hizo. Y sí, el establishment político y económico del país cerró filas ante un médico de provincia que amenazaba con remodelar el hospital.
Pero el hecho innegable es que Andrés Manuel llevaba tres años con una gran delantera que dilapidó. Era su elección para perder y la perdió. Porque a lo largo de la campaña electoral, el político sagaz actuó como chamán. Se erigió en curandero. Se dedicó a ofrecer hierbas mágicas y pociones fantásticas y curas misteriosas. Prometió refundar al país y resucitarlo. Creyó —como Hipócrates— que casos desesperados necesitan remedios desesperados y se dedicó a ofrecerlos, pueblo tras pueblo, plaza tras plaza. Usó la esperanza de mejoría milagrosa como instrumento para ganar votos, para convencer indecisos. Creyó que bastaba anunciar la llegada de la salud, sin pensar con particular claridad cómo garantizarla.
Y para contender dijo muchas cosas lamentables; ofreció muchas prescripciones criticables. Fue doctor de pueblo ante enfermedades globales. Recurrió a las recetas de las tías viejas en vez de disponer del conocimiento de los expertos. Recurrió a la homeopatía en vez de usar los rayos X. Se paró ante México con un maletín lleno de instrumentos de los años 50, para enfrentar enfermedades económicas producto de los años 90. Se presentó como curandero ante una enfermedad terminal, y no explicó a cabalidad cómo lograría vencerla. Convocó a los espíritus del pasado en vez de diseñar las herramientas médicas del futuro.
Por ello los remedios que prometió resultaron más atemorizantes que la enfermedad. Para muchos electores, la peor cura para los males de México era la posibilidad de un presidente que no supiera escuchar. Que fuera renuente a aprender y pensara que no es necesario hacerlo. Que pensara más en cómo redistribuir que en cómo crecer. Que le apostara a la magia de Macuspana por encima de la medicina moderna. Que intentara sanar a México con sanguijuelas y pociones y rezos y buena fe. Que definiera quién merecía vivir y quién merecía morir. Un doctor milagroso que insistió en parecer peligroso.
Porque uno de los primeros deberes de un buen médico es educar a sus pacientes, prescribirles el medicamento correcto o saber cuándo no administrarlo. Las recetas de AMLO convencieron a algunos segmentos del electorado pero alienaron a otros. La campaña del miedo provocó una epidemia nacional porque López Obrador no se había vacunado contra ella. Al contrario, la alimentó con el discurso de la confrontación constante, con la retórica de la división incesante. El país de los privilegiados Vs. el país de los marginados. El México de los de arriba Vs. el México de los de abajo. Andrés Manuel no supo hablar de otra manera y eso lo hundió. No supo actuar de otro modo y eso lo debilitó. Perdió la elección mucho antes del 2 de julio.
Por su obcecación. Por su tozudez. Por no moderar sus posiciones cuando llevaba la ventaja suficiente en las encuestas para hacerlo. Por no atemperar sus posturas y deslizarse hacia el centro pragmático en lugar de atrincherarse en la izquierda recalcitrante. Por no reunirse con los grupos que más le temían antes de que comenzaran la guerra sucia en su contra. De haberse definido a sí mismo como un hombre poco peligroso, se hubiera vacunado ante esa acusación. De haber ofrecido algo menos radical que la amputación de las extremidades superiores, hubiera tenido más pacientes. No hay nada más estimable —según Voltaire— que un médico que ejerce su profesión con cautela y trata a ricos y pobres por igual. AMLO se negó a hacerlo y hoy 247,000 votos de diferencia son el resultado.
Andrés Manuel López Obrador le apostó a un pueblo enfermo y nunca entendió que, con él, no le alcanzaba para ganar. Porque hay una parte del país que sí prospera, aunque sea lentamente. Porque Andrés Manuel nunca entendió que al poner primero a los pobres, asustaba a todos aquellos que no se perciben así. A todos aquellos que no querían arriesgar, sino preservar. A todos aquellos que no querían refundar al país, sino conservar lo poco —o mucho— que han logrado acumular en él. No hay manera de curar a alguien que se cree en buena salud, y una porción del electorado cree que lo está. Allí va cojeando con su crédito, con su vivienda de interés social, con su carro pagado a plazos. El México relativamente pobre que se rehusa a admitirlo y a votar por alguien que lo clasifica así.
Pero esa porción del país que AMLO convenció no va a desaparecer tan sólo porque lo saquen a patadas del hospital. No va a guardar silencio tan sólo por los resultados del conteo oficial del IFE. No va a dejar de quejarse tan sólo porque Felipe Calderón ha sido declarado en ganador oficial. Ese México pintado de amarillo está allí, habitado por millones de mexicanos que confían en López Obrador. Le creen.
Y no es sólo por pobreza o ignorancia como muchos de sus detractores sugieren. Los que votan en su favor piensan que el diagnóstico que ha hecho del país es correcto. Piensan que no es posible seguir tomando aspirinas para combatir un cáncer. Piensan que no es deseable seguir tomando jarabe para la tos ante una pulmonía. Piensan que México necesita algo más que paliativos, algo mejor que placebos.
Y con ellos, AMLO convierte al PRD en segunda fuerza electoral. Con ellos, AMLO duplica el voto para la izquierda en tan sólo seis años. No es poca cosa y él lo sabe. Por eso peleará hasta el último momento; impugnará hasta la última casilla; disputará hasta el último voto. Ha construido un movimiento social y hará todo lo necesario para asegurar su supervivencia. De allí su cuestionamiento al proceso electoral y los resultados que arroja. De allí su posicionamiento poselectoral y los riesgos que entraña. Para existir, López Obrador tiene que pelear y seguirá haciéndolo. Hoy como candidato vencido, mañana como luchador social enardecido. Hoy como curandero rechazado, mañana como líder de un frente nacional.
Lo cual le hará la vida difícil a Felipe Calderón en las próximas semanas, en los próximos meses, en los próximos años. Y peor aún si persisten las dudas en torno al proceso electoral. Porque en política todo es percepción y la actuación del IFE ha contribuido a enturbiarla. Porque no hubo un fraude monumental, pero muchos mexicanos empiezan a creer que así fue. Porque la resistencia de tantos a contar los votos alimenta esa creciente convicción. Y peor aún: a lo largo de la campaña que lo llevó a ganar, Calderón nunca vio al país enfermo. Nunca pasó por la sala de cuidados intensivos. Nunca se asomó a la sala de emergencias. Nunca supo qué decirle a aquellos que no viven, sino sobreviven. En esta elección, Calderón fue un cirujano plástico. Y el pedazo del país que no votó por él le va a seguir exigiendo una operación quirúrgica mayor.
Mientras Calderón decide cómo reaccionar ante el otro México, López Obrador se encargará de radicalizarlo. De movilizarlo. De liderarlo a cada oportunidad. Y si no hay transparencia total en torno a cada voto que lo llevó a perder, lo hará con aún mayor vehemencia. Recorrerá el país como Jesús, diciéndole a cada uno de sus seguidores: “Levántate y anda”. Convocará a asambleas informativas, pidiéndole a sus apóstoles que no pierdan la fe. Continuará diagnosticando las enfermedades del país a las que ahora añadirá los síntomas del fraude. Y marginado de la política formal, es posible que sea más “peligroso” que dentro de ella. El líder que pudo haber sido doctor certificado, ahora convertido en curandero incómodo.

Con el 100 por ciento de las casillas computadas, Calderón ganó el conteo distrital de los votos, el que verdaderamente cuenta.
Ayer, desde la madrugada, cuando Calderón rebasó a López Obrador en los votos, el panista salió a festejar, reconoció a sus adversarios y llamó a la unidad, aunque, seguramente previendo lo que venía, llamó a sus simpatizantes a defender el voto.
Andrés Manuel López Obrador desconoció el resultado. Afirmó que impugnará y llamó a la gente "a una reunión de información" el sábado a las 5 P.M. en el Zócalo.
La verdad, para todos sería deseable que ya hubiera un ganador claro que todos aceptaran. Además, el juego de AMLO es ciertamente peligroso porque claramente quiere hacer una demostración de fuerza convocando a miles de personas.
Muchas de los simpatizantes de AMLO tienen un gran nivel de frustración y en este contexto dichas concentraciones masivas son riesgosas, además de que parecen un chantaje.
Sin embargo, hay que decir que López Obrador está en todo su derecho de impugnar la elección y no se está saliendo de la Ley.
Las voces que insisten en callarlo y en criticarlo por "no reconocer al ganador" no tienen razón porque legalmente aún no hay ganador. El único que valida la elección es el Tribunal Electoral y es también quien puede revertir incluso los comicios por impugnaciones.
López Obrador no se está saliendo de la Ley, sino al contrario buscando defender sus votos con todas las herramientas legales que tiene hoy la legislación mexicana.
Además, se equivocan quienes quieren hacer del IFE un ente casi divino y creen que no se le puede cuestionar "porque tanto nos ha costado construir instituciones confiables".
Antes, no se podía criticar al Presidente, la Virgen y al Ejército. Eso ya cambió. Pero, ahora algunos quieren poner en ese rubro al IFE. La verdad, es que, justamente, la normalidad democrática conlleva nuestra capacidad de cuestionamiento ciudadano, incluyendo al IFE.
AMLO está en todo su derecho y es mejor, por cierto, que impugne. Porque, reitero, a nadie nos conviene que en esta Elección queden dudas. Sobre todo si nuestro Presidente va a serlo con .6 por ciento de ventaja.
Claro, también sería bueno que López Obrador no sólo se preocupe por convencer a sus simpatizantes de que hubo irregularidades, sino sobretodo por tener las evidencias legales sólidas para comprobarlo, ahi sí, ante el Tribunal.
Porque, es cierto, sí han quedado varias dudas y sospechas (sobre todo en el manejo del PREP) pero hasta el momento no se ha visto algo contundente que parezca una prueba de que hubo un gran fraude ya en el conteo distrital.

Ya lo dice un estudio reciente de la Universidad de Emory en Atlanta. Está comprobado que cuando una persona es simpatizante incondicional de un candidato “no razona” y se guía sólo por emociones.
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¿Les ha pasado que hablan con alguien que no escucha? ¿Qué no importa que den argumentos y razones, pare